Los signos del Zodiaco Los 12 Signos Astrológicos del Zodiaco

Linda Goodman
Los signos del zodíaco

Ahuécale un poco esas plumas blancas como la nieve, sintoniza su d
isparatada longitud de onda, y la
anciana Madre Oca nos transmitirá tal vez un mensaje secreto. Quizás en el parloteo aparentemente infantil
de sus canciones para niños se oculte una perla de sabiduría.
¿Cuantas millas habrá de aquí a Babilonia? Parece que
el salto fuera considerable desde los caldeos,
calzados con sandalias, y los enjoyados y perfumados faraones egipcios a la era espacial; desde el perdido
continente de la Atlántida al siglo
XX
y su propulsión a chorro. Pero ¿cual es la distancia, en reali
dad? Tal
vez no más que un sueño, o dos. Única entre todas las ciencias, la astrología ha abarcado en su viaje los
siglos y ha llegado intacta.

No deberíamos sorprendernos de que siga con nosotros, inalterada por el tiem-
po, porque la astrología es verdad,
y la verdad es eterna. Haciéndose eco de los hombres y las mujeres de
las primeras civilizaciones conocidas, los modernos repetimos hoy las mismas frases: <>, <>, <<¿Tú también tienes a Mercurio en Gém i- nis?>>, <<¿Acaso no se nota que es de Acuario?>>.
El lenguaje astrológico es una cuerda de oro que nos une con un nebuloso pasado, al tiempo que nos
prepara un interesante futuro de exploraciones planetarias. En todos los campos de la ciencia, adelantos
que cortan la respiración nos hacen continuamente presente que <> (aunque en vez de Horacio, el nombre sea Sam o Fanny).
El receptor
–transmisor radio–
pu
lsera de Dick Tracy ya no es un sueño fantástico, sino una realidad, y el
arma poderosa de la Doncella de la Luna ha encontrado su igual en el milagro del rayo láser, esa luz súper
concentrada que hace correr al plomo como si fuera agua y penetra las sustancias mas duras que conoce el
hombre. A Julio Verne y a Flash Gordon se les considera actualmente profetas inspirados, tan importantes
eran los secretos enterrados en esas descabelladas aventuras de veinte mil leguas bajo el mar y de muchos
trillones de leguas por encima de la Tierra.
¿No podría ser que los autores de libros de ciencia ficción y los dibujantes de historietas tuvieran una
idea mas ajustada de la distancia que hay entre el ayer, el hoy y el mañana, que los hombres de bata blan-
ca en sus labora
torios cromados esterilizados? Einstein sabia que el tiempo no era mas que relativo; pero
los poetas siempre lo han sabido, y también los sabios, en todas las edades. El mensaje no es nuevo. M
u-
cho antes del interés actual
–y abrumador
– por la astrología, hombres de atrevida visión como Platón, Pt
o-
lomeo, Hipócrates y Colón respetaron su sabiduría; y a los de ellos pueden sumarse nombres como los de
Galileo, Franklin, Jefferson, Newton y Carl Jung. Se puede agregar a la lista al que fue presidente de Est
a-
dos
Unidos, John Quincy Adams; también la integran astrónomos de la talla de Tycho Brahe, Johanes K
e-
pler y Gustave Stromberg. Y no olvidemos a John Nelson, brillante investigador científico de la RCA, al f
a-
moso matemático Kuno Foelsch, y a John O’Neill, ganador del premio Pulitzer. Ninguno de esos hombres
fue un fracasado en la escuela secundaria.
En 1953 el doctor Frank A. Brown, hijo, de la Universidad del Noroeste, hizo un descubrimiento sor-
prendente mientras estaba experimentando con ostras. La ciencia ha dado siempre por sentado que las
ostras se abren y se cierran con el ciclo de los mares de su lugar de nacimiento. Pero cuando las ostras del
doctor Brown fueron trasladadas de las aguas de Long Island Sound a un tanque de agua en su laboratorio
de Evanston, Illinois, se observó una cosa extraña.
En su nuevo hogar, las ostras tenían temperatura constante, en una habitación iluminada por una luz
suave y también constante. Durante dos semanas, las ostras desplazadas abrieron y cerraron sus valvas
con el mismo
ritmo de las mareas de Long Island Sound, a mil seiscientos kilómetros de distancia. Después,
de pronto, se cerraron bruscamente y permanecieron así durante varias horas. Cuando ya el doctor Brown y
su equipo de investigación empezaban a darle vueltas al <
>, s
u-
cedió algo raro. Las ostras volvieron a abrirse; exactamente cuatro horas después de la pleamar en Long
Island Sound, en el preciso instante en que habría habido marea alta en Evanston, Illinois, de haber estad
o
esta ciudad sobre la costa, se inició un nuevo ciclo. Las otras adaptaban su ritmo a la nueva latitud y long
i-
tud geográfica. ¿Regidas por qué fuerza? Por la de la Luna, naturalmente. El doctor Brown llegó pues, ne-
cesariamente, a la conclusión de que los
ciclos energéticos de las ostras se rigen por la misteriosa señal
lunar que controla las mareas.
La energía y los ciclos emocionales del hombre están gobernados por el mismo tipo de fuerzas plan
e-
tarias, en una red mucho mas complicada de impulsos magnéticos, provenientes de todos los planetas. La
ciencia reconoce el poder de la Luna para mover grandes masas de agua. Si el hombre mismo está const
i-
tuido en un setenta por ciento de agua, ¿por qué habría de ser inmune a tan poderosas influencias planet
a-
rias? Son bien conocidos los tremendos efectos de la gravedad magnética sobre los astronautas en órbita, a
medida que estos se acercan a los planetas. ¿Y que decir de la demostrada correlación entre las fases de la
Luna y los ciclos femeninos, incluso el parto, am
én del repetido testimonio de médicos y enfermeras en los
pabellones de hospitales mentales, que bien familiarizados están con la influencia de la Luna sobre los
cambios que experimentan sus pacientes? ¿Ha hablado alguna vez el lector con un policía que ha
ya tenido
que patrullar una zona peligrosa en una noche de luna llena? Trate de encontrar un granjero que vaya a
levantar una empalizada, matar un cerdo o sembrar sin haber consultado la sección astrológica del Almana-
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que del Granjero. Los movimientos de la
Luna son tan importantes para él, como la última discusión de
problemas agrarios en el Congreso.
Entre todos los cuerpos celestes, el poder de la luna es el
mas visible y el mas espectacular, simpl
e-
mente porque es el que está mas próximo a la Tierra. Pero
el Sol, Venus, Marte, Mercurio, Júpiter, Saturno,
Urano, Neptuno y Plutón ejercen también sus influencias sin lugar a dudas, aunque sea desde más lejos.
Los hombres de ciencia han advertido que las plantas y los animales están sujetos a ciclos de influenc
ias a
intervalos regulares, ciclos que se rigen por mediación de fuerzas tales como la electricidad del aire, las
fluctuaciones de la presión barométrica y el campo gravitacional. Originariamente, estas fuerzas terrestres
se ponen en acción por obra de las
vibraciones magnéticas procedentes del espacio exterior, donde viven
los planetas y desde donde envían sus ondas invisibles. Las fases de la Luna, las lluvias de rayos gamma,
los rayos x, las ondulaciones del campo electromagnético en forma de pera y otras influencias que tienen su
origen en fuentes extraterrestres penetran y bombardean continuamente la atmósfera que nos rodea, sin
que ningún organismo viviente escape a su influencia, ni tampoco los minerales. Y lo mismo puede decirse
de los seres humanos.
El doctor Harold S. Burr, profesor emérito de anatomía en la Facultad de Medicina de la Universidad
de Yale, afirma que un complejo campo magnético establece la pauta del cerebro humano en el momento
de nacer, y mas aún, que sigue regulándolo y controlándolo a lo largo de la vida. Expresa además que el
sistema nervioso central humano es un extraordinario receptor de energías electromagnéticas, el más ref
i-
nado de la naturaleza. (Aunque caminemos de manera un tanto mas evolucionada, percibimos el mismo
murmu
llo que las ostras.) Los diez millones de células de nuestro cerebro forman miriadas de posibles ci
r-
cuitos a través de los cuales puede canalizarse la electricidad.
Por consiguiente, el contenido mineral y químico, y las células eléctricas de nuestro cuerpo y nuestro
sistema nervioso responden a la influencia magnética de cada mancha solar, cada eclipse, cada movimiento
planetario. Como todos los demás seres vivientes, los metales y los minerales, estamos sincronizados con
el flujo y el reflujo incesantes del Universo, pero nuestro libre albedrío nos permite que no seamos neces
a-
riamente sus prisioneros. En otras palabras, el alma es superior al poder de los planetas. Pero lamentabl
e-
mente, la mayoría de nosotros no ponemos en acción nuestro libre albedrío (es
decir, el poder de nuestra
alma), y en cuanto al control que ejercemos sobre nuestro destino, estamos mas o menos en la misma s
i-
tuación que el lago Michigan o una espiga de trigo. El propósito del astrólogo es ayudarnos a saber como
evitar este flotar río
abajo a la deriva: como luchar contra la corriente.
La astrología es tanto un arte como una ciencia. Aunque muchísimas personas querrían ignorar este
hecho básico, es algo que no se puede pasar por alto. Hay astrólogos que se estremecen de furia ante la
sola mención de que la intuición pueda tener algo que ver con la astrología, y reaccionan en forma colérica
respecto de la más remota posibilidad de tal correlación. Insisten en que la astrología es una ciencia exacta,
basada en las matemáticas, y que de ni
ngún modo se la ha de asociar con poderes intuitivos. Creo que
estas opiniones son sinceras, pero la lógica me lleva a preguntarme por que ambas cosas han de estar tan
totalmente separadas. ¿Es menester que así sea? Hasta los legos intentan hoy en día, val
iéndose de libros,
juegos de salón o pruebas de laboratorio, determinar su potencial para la percepción extrasensorial. ¿Por
qué no los astrólogos? ¿Acaso han de ser ellos quienes hundan la cabeza en la arena, como las avestr
u-
ces, ante la posibilidad del desarrollo de un sexto sentido, o de su existencia en algunos individuos?
Es indudable que el trazado de una carta astrológica, basado en datos matemáticos y en hechos as-
tronómicos, es parte de una ciencia exacta. Pero también la medicina es una ciencia, basada en la invest
i-
gación y en los hechos, y pese a ello, los buenos médicos admiten que la medicina es también un arte.
Quien tiene la capacidad de diagnosticar intuitivamente se gana el reconocimiento de sus colegas. Los
médicos dirán que todos ellos tienen, en grado variable, cierta sensibilidad que es una ayuda inapreciable
en la interpretación de los hechos demostrables de la medicina. Efectuar la síntesis de teorías medicas,
interpr
etar los resultados de las pruebas de laboratorio en relación con la hi
storia individual del paciente no
es algo que se pueda hacer de manera estereotipada; sería sencillamente imposible sin cierta percepción
intuitiva de parte del médico. De otra forma, se podría dejar la medicina a cargo de las computadoras.
La música tiene
también una base científica –
la ley inflexible de las matemáticas
–, como lo sabe
cualquiera que haya estudiado alguna vez las progresiones de los acordes. Los intervalos musicales se
rigen por proporciones entre números enteros: una ciencia, indiscutiblem
ente. Pero también es un arte. A
cualquiera se le puede enseñar a tocar correctamente la sonata Claro de luna o el Concierto de Varsovia,
pero lo que diferencia a un Van Cliburn del resto de nosotros es su sensibilidad o percepción intuitiva. Las
notas y l
os acordes son siempre los mismos, matemáticamente exactos. La interpretación, sin embargo, es
diferente: una realidad obvia que nada tiene que ver con la definición actual de la palabra ciencia.
Muchas personas inteligentes pueden estudiar o enseñar astrología con éxito, e incluso brillantemen-
te, pero pocas tienen la capacidad de aportar esa dimensión de interpretación sensible o percepción intuitiva
que hace de la ciencia de la astrología algo que en última instancia proporciona una satisfacción artística.
Claro que no es necesario tener especiales dotes psíquicas ni ser médium para hacer un análisis astrológ
i-
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co exacto y valioso, pero cualquier condición intuitiva del astrólogo es, evidentemente, un elemento positivo
para la síntesis que éste hace de la carta natal. Como es natural, el astrólogo intuitivo debe tener también
los conocimientos precisos en el cálculo matemático, y debe observar estrictamente los fundamentos cient
í-
ficos de su arte. Dando por supuestas ambas cosas, podemos afirmar que se vale de
una poderosa combi-
nación de capacidades conscientes y subconscientes, de modo que no hay por que asustarse de los prof
e-
sionales competentes que pueden hacer de su tarea un arte y una ciencia al mismo tiempo, y evitarlos; en
todo caso, será una suerte para
el lector si encuentra uno. La percepción intuitiva es rara en todos los cam-
pos.
La popularidad actual de la astrología esta haciendo que todos los charlatanes salgan de sus escon-
drijos, y en astrología no hay ni tantos astrólogos ni tantos maestros debid
amente calificados como seria de
desear. Es posible que en el curso de la década venidera lleguen a ser profesionales reconocidos que han
obtenido un titulo en los cursos de <> de importantes universidades. Entonces, la influencia
de los pl
anetas sobre el comportamiento humano se enseñará en los modernos edificios de las universida-
des más representativas, tal como antaño se enseñaba en las de Europa. Los estudiantes serán aceptados
únicamente si su carta natal revela que tienen capacidad par
a la enseñanza o la investigación en astrología,
o para hacer un análisis personal; y los cursos serán tan estrictos y rigurosos como los de cualquier facultad
de derecho o de medicina. Habrá materias tales como el estudio de las condiciones magnéticas del
tiempo,
el de la biología, química, geología, astronomía, matemáticas superiores, sociología, religiones comparadas,
filosofía y psicología, junto a la necesaria capacitación para calcular e interpretar una carta astrológica, y los
graduados podrán poner
orgullosamente en su puerta una chapa donde se lea: <>.
Dadas las condiciones actuales de aceptación y de investigación en astrología, la actitud mas segura
y mas cuerda que puede adoptar el profano es
familiarizarse a fondo con los doce signos, de la misma m
a-
nera que uno se familiariza con las teorías de la medicina estudiando primeros auxilios o poniéndose al
tanto de las normas de higiene.
La humanidad descubrirá algún día que la astrología, la medic
ina, la religión, la astronomía y la ps
i-
quiatría son la misma cosa. Cuando todas ellas se integren, cada una estará completa; mientras ello no
suceda, cada una seguirá teniendo ligeras carencias.
En la astrología hay un ámbito donde reina la confusión y las opiniones chocan: la reencarnación.
Hoy día, no hay quien no haya adoptado una actitud, ya sea positiva o negativa, ante la ley del karma. Es
algo de lo que uno no puede evitar estar al tanto, de la misma manera que es inevitable saber que es el
tablero
ouija o quien es Jeanne Dixon, bajo la influencia uraniana de este siglo
XX
que se acerca a la era de
Acuario.
Los astrólogos esotéricos creen, y entre ellos me cuento yo, que la astrología es algo incompleto a
menos que se la interprete de manera adecuada
teniendo como cimiento la ley del karma. También hay
quien lo niega enfáticamente, en especial en el mundo occidental, para el cual la astrología es una ciencia
relativamente nueva. No es necesario aceptar la reencarnación para beneficiarse de la astrología, y la prue-
ba de la existencia
del alma en vidas anteriores, por más lógica que sea, no ha quedado jamás establecida
científicamente (aunque se dispone de pruebas circunstanciales profundamente convincentes, que incluyen
casos documentados y la Biblia mi
sma). Por su propia naturaleza, es posible que la reencarnación escape
por siempre a cualquier intento de hallar pruebas tangibles. Los antiguos enseñaban que el alma evoluci
o-
nada debe alcanzar el punto en que busca la verdad del karma, con el fin de poner
término al ciclo de ren
a-
cimientos. Por ende, la fe en la reencarnación es un don, una recompensa para el alma lo bastante evol
u-
cionada para buscar el sentido de su existencia en el Universo y sus obligaciones karmicas en la vida ac-
tual. Si estuviera probado tan profundo misterio, el libre albedrío del individuo se apartaría del descubrimien-
to; de ahí que tal vez el hombre debe buscar siempre las respuestas al problema de la reencarnación en su
propio corazón. Pero solo debería hacerlo tras un estudio intel
igente de aquello en que otras mentes han
hallado verdad y falsedad. Los libros que se refieren al asombroso profeta Edgar Cayce podrán satisfacer
adecuadamente la necesidad de mayor comprensión del profano, y es posible hallar en el mercado muchas
otras obras excelentes referentes a la reencarnación, que pueden ayudar al lector a decidir por sí mismo si
el tema es digno de que se le preste atención, o si no es otra cosa que magia negra. Esta es la única mane-
ra de enfocar un asunto tan personal como la vida
y la muerte (cada cual por su cuenta), después de haber
examinado con cabal minuciosidad los pros y los contras.
Nos dirigimos hacia un nuevo respeto por las influencias invisibles, y de ello es buen ejemplo el i
n-
terés que hoy día existe por la telepatía mental. La NASA ha invertido y sigue invirtiendo enormes sumas de
dinero en tests de percepción extrasensorial que se practican a los astronautas para determinar la posibil
i-
dad de transferir mensajes mentales mediante la percepción sensorial, como medida de emergencia para el
caso de interrupción de las comunicaciones entre el astronauta y la Tierra. Se comenta que Rusia lleva gran
delantera a Estados Unidos en este campo de la investigación, lo que sería una razón más para descartar el
pensamiento dogmátic
o y materialista. La excitación de distinguidos hombres de ciencia ante los experimen-
tos realizados con estas invisibles longitudes de onda entre seres humanos ha llamado la atención de los
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médicos. La medicina admite desde hace largo tiempo que algunas do
lencias
–tales como las úlceras y las
afecciones de la garganta
– son producidas por tensiones mentales o emocionales, y actualmente los médi-
cos empiezan a plantear con seriedad la teoría de que hay una relación definida entre la personalidad del
paciente y
la aparición y desarrollo del cáncer. Artículos recientes de médicos bien conocidos han solicitado
con urgencia la cooperación de los psiquiatras para determinar en forma preventiva que pacientes pueden
ser susceptibles, de manera que la enfermedad pueda ser tratada en sus primeras etapas, e incluso prev
e-
nida. Sin embargo, la astrología ha sabido desde siempre que lo que desencadena la enfermedad son la
mente y las emociones, y que son también ellas quienes la pueden controlar o eliminar; también, que las
personas nacidas bajo determinadas influencias planetarias son o susceptibles o inmunes a ciertas enfer-
medades y accidentes. El conocimiento que busca la medicina se encuentra en la carta natal del paciente,
detallada y cuidadosamente calculada, y que resulta claramente puesto en evidencia por las posiciones y
aspectos planetarios en el momento del nacimiento.
En el antiguo Egipto, los médicos
–astrólogos practicaban la cirugía del cerebro con técnicas refina-
das, un hecho que han demostrado recientemente los
descubrimientos arqueológicos y antropológicos. Los
médicos progresistas de la actualidad vuelven silenciosamente a fijarse en que signo astrológico está la
Luna antes de hacer una operación quirúrgica, a imitación de los médicos griegos de hace siglos, que se
ajustaban al precepto de Hipócrates: <>. Es mucho y muy important
e lo que hay que decir sobre la astrología médica y su valor para
descubrir la causa y lograr la prevención de las enfermedades, pero el tema es de una amplitud tal que
tendrá que quedar para otro volumen.
Si pasamos del campo de la medicina al de los viaj
es, digamos
que hay varias compañías de seguros
y empresas aéreas que están investigando en secreto la posible relación entre los accidentes aéreos fatales
y las cartas natales de los pasajeros y de la tripulación. De tal manera avanzan los tiempos, desde
el ant
i-
guo conocimiento de las influencias planetarias, retrocediendo hasta el pensamiento materialista para volver
a avanzar hacia la verdad. A lo largo de los siglos, los planetas se han mantenido incó1umes en su grande-
za, y siguen en sus órbitas. Las es
trellas que brillaron sobre Babilonia y sobre el establo de Belén son las
mismas que hoy siguen arrojando el mismo brillo sobre el Empire State Building y sobre el huerto de tu c
a-
sa. Con la misma precisión matemática cumplen su ciclo (y seguirán afectando
cada una de las cosas que
hay sobre la Tierra, al hombre incluso, mientras la Tierra exista).
Recuerda siempre que en astrología no existe fatalismo. Los astros marcan inclinaciones, no obligan.
La mayoría de nosotros nos dejamos llevar en obediencia ciega
por la influencia de los planetas y por el
esquema electromagnético de nuestro nacimiento, pero también por nuestro medio, nuestra herencia y la
voluntad de los que son más fuertes que nosotros. No damos señales de percepción ni, por ende, de resi
s-
tencia;
nuestros horóscopos nos calzan como un guante. Movidos como peones, recorremos el tablero de
ajedrez en la partida de la vida, e incluso hay quien hace burla de los poderes mismos que lo mueven, o los
ignora. Pero cualquiera puede elevarse por encima de l
os poderes adversos de su carta natal. Si utiliza su
libre albedrío, o el poder del alma, cualquiera puede dominar sus estados de animo, cambiar su carácter,
controlar su ambiente y las actitudes de quienes están próximos a él. Cuando lo hacemos, nos convertimos
en los jugadores que libran la partida, en vez de ser meros peones.
¿Eres de los que se privan de seguir su estrella, diciéndose que no han nacido con la fuerza ni con la
capacidad necesarias? Pues naciste con más de cada una de ellas que Hellen Kel
ler, que recurrió a los
profundos e íntimos poderes de su voluntad para superar el hecho de haber nacido ciega, sorda y muda. Y
sustituyó esas desventajas de nacimiento con la fama, la riqueza, el respeto y el amor de miles de pers
o-
nas. Y dominó sus influencias planetarias.
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PALABRAS FINALES
¿Temores constantes no te dejan ver el mañana? ¿La melancolía y el pesimismo tiñen de gris tu arco
iris antes de que haya intentado siquiera alcanzarlo? La actriz Patricia Neal puso una determinación férrea
en desplazar
la sombría aprensión. Sonrió ante la tragedia, y sonreír le dio la energía emocional suficiente,
para dejar atónitos a sus médicos obligando, literalmente, a desaparecer la parálisis que le quedó como
secuela de un ataque casi fatal.
¿Te han convencido los
titulares de los periódicos de que Norteamérica está condenada al olvido en
un futuro cercano, llevada a un callejón sin salida por las guerras frías y calientes, la falta de comprensión
nacional e internacional, las cifras crecientes de delincuencia, inj
usticias, prejuicio, decadencia moral, falta
de ética y la posibilidad de destrucción nuclear? Winston Churchill enfrentó en su momento su segura derr
o-
ta personal, y la de su país. Pero encendió una luz en sus ojos, se reforzó con acero la columna y elevó una
plegaria en su corazón. Esa triple combinación operó un milagro, el del coraje de un hombre que arrastra a
otros miles a un optimismo ciego y una fuerza obstinada. Las vibraciones magnéticas resultantes fundieron
el plomo del miedo, inspiraron al mundo
e hicieron de la victoria el premio. Churchill se negó a ser un peón
de los planetas y a dejar que lo fuera su país.
¿Dices que esas son personas extraordinarias? Pero esos podrían ser tus milagros. Todos ellos. En ti
hay el poder magnético suficiente par
a inmunizarte ante las influencias planetarias mas poderosas, ahora y
en el futuro. Es una pena que te sometas tan fácilmente y dejes sin realizar todo tu potencial.
Cuando se conquista a la vez el odio y el miedo, la voluntad queda libre y es capaz de inm
enso po-
der. Tal es el mensaje de tu horóscopo, oculto en las estrellas silenciosas. No dejes de escucharlo.
Una antigua leyenda nos habla de un hombre que fue a ver a un sabio místico para pedirle la clave
del poder y de sus ocultos secretos. Le llevaron hasta el borde de un lago transparente y le dijeron que se
arrodillara. Entonces el sabio desapareció, y el hombre se quedó solo, mirando su propia imagen reflejada
en el agua.
<>. <<Pide, y se te dará.>> <>
<>
<>. ¿Es un poema o una adivinanza? Cada cosa en
el Universo es parte de la ley universal, y la astrología es la base de esa ley. De la astrología nacieron la
religión, la medicina y la astronomía; no fue al revés.
En el templo de Tebas hay un zodiaco esculpido, tan antiguo que jamás ha sido posi
ble establecer su
origen. ¿La Atlántida? quizá. Pero no importa de dónde haya venido, ni quien haya grabado sus símbolos, lo
eterno es su mensaje: Sois galaxias infinitas, y aun no habéis visto más que una estrella.

3 pensamientos en “Los signos del Zodiaco Los 12 Signos Astrológicos del Zodiaco

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